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PREVENCION DE ADICCIONES - 2016 - 1era.Parte

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PREVENCION DE ADICCIONES - 2016 - 1era.Parte

Mensaje  Admin el Miér Mar 23, 2016 12:10 pm

ADICCIONES: "UN INTENTO FALLIDO DE RESOLVER EL MALESTAR"
AUTOR: Rubén Darío Moliner Blanco


Introducción:
Desde  épocas  remotas  el  ser  humano  ha  buscado  en  la
naturaleza,  y  de  manera  especial  en  el  reino  vegetal,
sustancias que calmaran su dolor y mitigaran su tristeza, que
aplacara  su  fatiga  y  combatiera  su  insomnio.  Parece  que
siempre ha existido una necesidad de, alterar el nivel de la
conciencia,  cambiar  las  percepciones  y  por  lo  tanto  la
imagen  del  mundo.
Ya el hombre primitivo rendía culto a diversas plantas por el
estado de alucinación que provocaban, utilizándolas en sus
ceremonias religiosas o para predisponer a los hombres para
las guerras e incitar la belicosidad de los guerreros durante el
curso  de  las  batallas.
El uso problemático de sustancias, y el consumo de drogas
psicoactivas,  en  particular,  representa  en  la  actualidad  un
grave  problema,  tanto  para  el  individuo,  como  para  su
familia  y  la  sociedad  en  general.
Hoy ya no hablamos de la “droga de la Mística y el Nirvana"
de la “droga de la curiosidad", ni de la "droga de la
rebeldía"; sencillamente, hablamos y nos enfrentamos ante la
epidemia  de  la  “droga  como  subrogante  de  la
discapacidad”
.  Una  droga  que  intenta  compensar  una
discapacidad  vinculada  a  lo  actitudinal,  (al  manejo  de  la
ansiedad,  la  angustia,  el  estrés,   la  frustración,
discapacidad para manejar emociones, para comunicarse, para divertirse,
para resolver conflictos, enfrentar momentos de crisis, o bien
sobrellevar el malestar).
También hoy  hablamos  de  "la  droga  del  vacío  interior",
mediante la cual el sujeto intenta fallidamente alcanzar “la
plenitud  o  completud”,  ante  una  sociedad  atomizada,
sumamente exigente y demandante. La droga, como tantos
otros  objetos,  cobra  allí  un  sentido,  que  se  impone  por
defecto, a otros valores que dan plenitud y sentido a la vida,
una droga que no hace a nadie feliz; pero, a muchos, es lo único
que  los  consuela,  del  hecho,  de  no  serlo.
Hace relativamente pocos años que se han reconocido a nivel
mundial, las  graves  consecuencias  individuales, familiares y
sociales que derivan del uso de sustancias tóxicas, y esta
 preocupación,  siempre  en  crecimiento,  ha  dado  por
resultado  que  se  tomen  acciones  de  prevención,  de
tratamiento, de legislación, de control del narcotráfico, de
coordinación  y  de  acuerdos  internacionales.
En verdad, los jueces no acuerdan como sancionarla con certeza, los
legisladores  disienten  entre  tratarla  como  enfermedad  o
como delito, la ciencia poco opina sobre su patogénesis, y
mientras tanto el narcotráfico hace su negocio y el fenómeno
avanza,  dejando  como  saldo,  cada  vez  más  excluidos  por
causa del consumo de sustancias psicoactivas.
Mientras tanto, la  sociedad  en  general,  no  puede  darse  
cuenta  que  el consumo  de  drogas,  entre  otras  patologías,
son manifestaciones de un malestar que subyace a las sustancias
u otros objetos, y no un problema en sí mismo. Que en su
seno  existen  sujetos  frustrados,  con  bajas  esperanzas  o
expectativas, con cada vez menos utopías e ilusiones, sujetos
afectivamente  abandonados,  incomunicados  y  con  escasa
“capacidad  de  respuesta” a  lo  anterior.  Sin  embargo,
todavía se escucha hablar de la "lucha contra las drogas",
cuando  en  realidad,  ellas  son  solo  el  resultado,  la
consecuencia, y no la verdadera causa a combatir o prevenir.
Ésto me recuerda, una historia que hace unos años
me contaron: En una ciudad de Córdoba - Argentina- había un
río muy caudaloso, donde cada vez se ahogaban más personas
y para contrarrestar esta lamentable situación, contrataron cuatro
guardavidas; al ver que la situación continuaba contrataron otros
cuatro y pasado un tiempo todo seguía igual o peor; hasta que
uno de ellos (guardavidas), fue río arriba y encontró que la baranda
de un puente de este río estaba rota y por ahí se caían las personas;
arreglada la  baranda ya no había necesidad de tantos guardavidas
ya que la causa estaba resuelta. Con esto quiero decir: No hace falta
más efectivos de seguridad, más leyes o más rígidas, o condenas
más fuertes, hace falta ir río arriba, revisar como ejercemos la
socialización primaria y secundaria y ver en que estamos fallando.
No sera que estamos humanizando y/o socializando mal ?
No sera que no estamos generando anticuerpos sociales necesarios
en nuestro niños, para sobrellevar la vida y sus circunstancias ?
No le estaremos mandando cada vez mejores clientes (huéspedes
predispuestos) al narcotráfico ?  

Cuando hablamos del consumo de sustancias tóxicas, existen
infinidad  de  explicaciones,  respuestas,  apreciaciones,
diagnósticos  o  representaciones  sociales  que  están
directamente vinculadas al enfoque teórico o a la formación
profesional desde donde se observe este fenómeno mundial.
Se  esboza  una  multiplicidad  de  razones  o  variables,  que
actúan  en  diferentes  niveles  y  proporciones  (psicológico,
económico,  médico,  político,  social),  que  empujan  o
condicionan  a  “individuos  vulnerables”  (Huéspedes
Predispuestos según la OMS), a buscar una vía de escape al
subjetivo  malestar,  a  través  del  uso  de  una  sustancia  o
conducta  determinada,  iniciándose  así,  en  un  proceso  de
deterioro personal, con consecuencias bio-psico-sociales de
alto grado y riesgo para si y para terceros.
Entre las causas que inciden y condicionan para ejercer esta
conducta de consumo, y como factores que pueden jugar un
papel importante para que alguien decida probar o consumir
drogas, visualizamos: la búsqueda de experiencias nuevas y
sensaciones  intensas,  imitar  a  sus  pares,  curiosidad,  la
atracción de lo prohibido y lo peligroso, la necesidad de
provocar al conservadurismo de la familia y de la sociedad,
de llamar la atención, como también el fácil acceso a las
drogas. Pero también sabemos, que para volverse adicto/a,
no  es  suficiente  con  probar,  sino  que  se  necesita  de  la
concatenación de factores determinados como por ejemplo:
además  de  un  “huésped  predispuesto”,  un  contexto
determinado,  un consumo sistemático,  en un  proceso  que
tiene sus raíces más profundas, en la necesidad imperativa de
"escapar" de una realidad insoportable (personal, familiar o
social), la cual es una fuente de malestar que lo condena a
una  vida  sin  sentido.  En  estas  condiciones,  las  drogas
funcionan como un vehículo de escape, como una vía de
alivio o un anestésico para el dolor del alma humana, que
aparece como  "una  solución"  a sus  problemas  insolubles.
Tampoco podemos ignorar, al decir de Sigmund Freud, en
“El malestar en la cultura” y otros ensayos, que existe un
malestar  originario,  inherente  a  todo  individuo,  donde  el
ideal de felicidad se diluye, y que para este malestar, no hay
ningún remedio ni existe la calidad de vida, más bien buscar
una mejor calidad de malestar, una manera de que hacer con
este  malestar,  y  es  aquí  donde  la  conducta  personal  y
sintomática  de  consumir  drogas,  es  producto  de  la
incapacidad  de la persona, para encontrar alguna salida a
sus crisis y malestares.
Como dice la OMS, (tomando a la "salud" en el más amplio
sentido de la palabra y no restringiéndola a lo biológico) “la
adicción  es  una  respuesta  negativa,  ante  los  retos  del
ambiente”,  cayendo  progresivamente  en  la  dependencia  a
sustancias como un modo de vida definitivo, y así, poco a
poco,  el  consumo  y  abuso  de  drogas  y  una  potencial
adicción, se habrán convertido en una necesidad artificial,
pero real e imperativa.
También la OMS habla de un “huésped predispuesto”, o bien
un individuo con características particulares que lo hacen
vulnerable  frente  a  determinadas  circunstancias  que  lo
anulan  o  inhiben  para  responder  satisfactoriamente.
(mencionando algunas características muy comunes como:
inseguridad, dependiente de sus otros importantes, viviendo
en un estado de continua chatura o pasotismo, insatisfacción,
malestar  y  un  sentimiento  de  vacío  interior  que  persiste
psíquicamente,  incluso  si  el  individuo  consume  grandes
cantidades  de  bienes  de  todo  tipo).  De  este  modo,  el
consumo de drogas representa y compensa, pero a la vez
obtura,  la  búsqueda  de  todo  lo  que  “falta”  en  su  vida,
impermeabilizando  toda  fuente  de  satisfacción,
convirtiéndose en un medio de liberación del sufrimiento, el
dolor y la soledad. Las drogas, se presentan como la "salida"
de  una
realidad intolerable, tomando gradualmente el lugar de "todo
lo que importa", y convirtiéndose en un sustituto artificial
que reemplaza a las cosas importantes de la vida, y al sujeto
en  un  ser  apático  e  indiferente.  Y  si  bien  cumplen  una
función  para  el  individuo  y  le  brindan  un  servicio,  “las
drogas  no  perdonan”  y  la  consecuencia  de  su  uso,  trae
trastornos a veces irreversibles e indeseables, como los que
se  querían  evitar.
Es claro que el consumo de drogas no es una enfermedad,
sino una conducta que puede llevar a enfermar, pero también
hemos dicho, que es una conducta que se comporta como
respuesta negativa o reacción inapropiada, frente a los retos
del ambiente o ante una subjetiva adversidad. Tan subjetiva,
que ante mismos escenarios y circunstancias, otros sujetos
con otro registro de la situación, responden de una manera
más conveniente o bien cuentan con otras herramientas para
hacerlo.
Según una de las teorías freudianas (Principio del Placer), el
propósito de nuestro aparato psíquico es evitar el displacer
(ligado al aumento de la excitación y la tensión inherente), y
por  consecuencia  alcanzar  la  satisfacción  asociada  a  la
disminución  de  dicha  tensión.  El  uso  problemático  de
sustancias, se lleva a cabo ante un estado de angustia que el
sujeto  vive  como  catastrófico,  desorganizante  y  bajo  una
sensación de desintegración; con lo cual, lo que se busca es
acallar ese estado y restablecer un aparente equilibrio. A su
vez, progresivamente también, la ausencia de la droga se
convertirá en una realidad inquietante, desequilibrante y por
ende angustiante. (Según Más allá del Principio del Placer,
esto  tendría  otra  connotación)
La experiencia nos muestra, que la mayoría de los pacientes
que concurren a los centros de atención especializados, son
sujetos que no demandan tratamiento, no traen síntoma, no
hay  queja,  no  están  divididos,  no  hay  pregunta,  no  hay
reclamo,  no  consideran  estar  enfermos,  no  traen  un
problema, sino por el contrario, creen tener la respuesta y la
“solución” a sus problemas (el consumo de sustancias). Y
algo de esto es cierto, sus muletas no son el problema, sino
lo que llevó a ellas y después también, la falta de ellas. Este
tipo de pacientes, monta un armado impenetrable, una coraza
por donde es muy difícil entrar o “hacer fisura”. Es por lo
cual que se hace necesario realizar maniobras y estrategias
terapéuticas,  que  permitan  un  quiebre,  una  brecha,  una
división del sujeto. Un abordaje que permita avergonzarlo
(no moralmente, sino que se encuentre en falta), angustiarlo,
responsabilizarlo, implicarlo, que se haga cargo de algo de lo
que lo llevó a estar en un centro de rehabilitación y no que
permanezca  ahí,  por  la  orden  judicial  u  otras  razones
coercitivas. Dijimos no trae síntoma, ¿Si no hay síntoma, que hay?
En lugar de síntoma hay una conducta  supresora  que  consta
de  usar  sustancias  que anestesian el mal estar, y si se suspende
el mal estar, no hay síntoma,  sino  alivio.
A su vez, pareciera que las defensas psíquicas tradicionales
como  represión,  desplazamiento,  negación,  sublimación  o
bien  los  mecanismos  clásicos  de  la  neurosis,  no  están
exitosamente  configurados  o  bien,  no  son
suficientes y hay que reforzarlos con algo rápido y a mano
que borre la angustia o por lo menos la postergue. (Como
dice Hugo Mayer: “Con el consumo de sustancias el fóbico
sentirá que suprime sus miedos, el depresivo que levanta su
ánimo y el obsesivo que se alivia de sus auto-reproches”).
Por eso el consumo de sustancias es subjetivamente aliviante
aunque  objetivamente  perjudicante.  En  todo  caso,  esta
conducta es todo un síntoma, que se manifiesta como una
forma de decir, de clamar y re-clamar por medio del acto,
como reemplazo fallido de la palabra y a la vez operando
como  obturadora  de  la  misma.
Luego,  pensando  en  las  condiciones  en  que  se  acercan
algunos pacientes a los Centros de Atención, donde muchas
veces es por la orden judicial, cuando no por alguna otra
coerción familiar, laboral o relacionada a su salud física y
hasta refugiándose de su proveedor en busca de cobrarle, o
de la propia policía, o para provocar la conmutación de la
pena, habría que plantearse algún dispositivo que observe y
aproveche esta situación, para que este sujeto, que ya está en
el servicio, consiga registrar su beneficio y más allá de asistir
a  las  entrevistas  pueda  “entrar  en  tratamiento”.  En  mi
humilde opinión, quizá no haya que brindar en una primera
instancia un abordaje psicológico, ya que la terapia, requiere
de algunas condiciones básicas, que muchas veces no se da
en  un  principio  ya  que  nos  encontramos  con  sujetos  sin
demanda,  con  escasa  conciencia  de  enfermedad,  baja
tolerancia  a  la  frustración  y  a  la  espera,  precariedad
simbólica, con pocas posibilidades del uso de la palabra para
mitigar  la  angustia  y  por  lo  tanto  exigido  a  realizar  una
descarga motriz (el acto de consumir). Por otra parte, el lugar
aparentemente pasivo del terapeuta, puede que no sea lo más
favorable  para  quien  necesita,  al  menos  en  una  primer
instancia, reglas, límites o pautas claras de parte de otro, a
quien se le supone un saber. (Pero esta es una reflexión que
dejaré  abierta  para  la  discusión).
En  resumen,  como  consecuencias  de  la  necesidad
compulsiva de consumir drogas, vemos como ésta, termina
por consumir al individuo, destruyendo toda otra necesidad y
deseo,  bloqueando  la  comunicación  de  experiencias  con
otros seres humanos, condenando al consumidor de drogas al
aislamiento  del  otro  y  al  de  su  propio  yo,  como  de  sus
propios  sentimientos,  de  la  capacidad  de  expresar  su
potencial en la vida social y cultural, de buscar y encontrar el
verdadero significado de una vida completa como sujeto. Así
el proceso de subjetivación y socialización de una persona
está bloqueado, ya que el lazo social humano ha perdido todo
significado para él y está quebrado.
Hoy nuestras sociedades vivencian fuertes cambios y permanentes
transformaciones,  que  la  convierten  en  un  sistema
sumamente complejo, especialmente en los últimos veinte
años. Un mundo dinámico, en el que han caído los muros
físicos, económicos, culturales y comunicacionales, en fin en
un mundo globalizado, y donde la problemática del consumo
de  sustancias  también  se  ha  generalizado  creciendo
rápidamente y desafiando los intentos que se hacen, para
lograr  su  prevención,  control  y/o  erradicación.
El  modo  de  prevenir  y  contrarrestar  la  problemática  del
consumo  de  drogas,  está  directamente  relacionado  con  la
participación  de  la  mayor  cantidad  de  actores  sociales
organizados,  y  especialmente,  con  la  invalorable  e
insustituible  intervención  de  los  agentes  de  socialización
primaria, encargados de humanizar en los primeros años de
vida al sujeto, donde es más factible llegar con anticipación,
a lograr los anticuerpos personales y sociales necesarios para
contrarrestar  los  efectos  de  una  presunta  conducta
patológica, inducida por el ambiente, y poco rechazada o
resistida  por  un  sujeto  vulnerable.
En la socialización primaria, la formación de los niños, y
también de los adolescentes, debería ser una responsabilidad
compartida  por  toda  la  sociedad.  Los  ciudadanos,  la
comunidad y las instituciones, deberían sentirse co-partícipes
junto con la familia y los centros educativos, en crear las
condiciones que aseguren la protección de los más jóvenes,
en  su  proceso  hacia  la  edad  adulta.
En la época actual, denominada por algunos expertos como
‘la era de la información’, niños y jóvenes se forman a través
de  una  red  ampliada  y  muy  diversa  de  influencias  y
mensajes.  Existe  una  heterogeneidad  de  entidades
socializadoras  y  culturizadoras  que  se  suman  y  a  veces
reemplazan  a  las  tradicionales,  (familia,  escuela,  iglesia,
clubes), como los medios de comunicación, internet, redes
sociales, etc., creando las condiciones para que los sujetos
desarrollen actitudes, comportamientos, relaciones, valores,
identidades, usos y costumbres, de un modo diferente a lo
conocido  hasta  no  hace  muchos  años  atrás.  Esta  red,
inevitable  de  influencias,  debe  entenderse,  aceptarse  e
incorporarse desde una dimensión integral y de conjunto,
pero  aún  está  en  proceso  de  construcción.
Hace  dos  décadas,  se  creó  el  concepto  de  “Ciudad
Educadora” con el fin de que la educación fuera parte del
tejido social, político y económico de una ciudad, pero no
pasó  de  ser  un  importante  concepto.  Hoy,  veinte  años
después, se hace imprescindible y esencial su conformación.
Sin olvidar, que si bien las nuevas vías de comunicación
sobrepasan las dimensiones de la ciudad, y la globalización
es una de las variables que también entra en el debate de la
formación y educación de las personas, siempre es en la vida
cotidiana  y  en  el  contexto  más  inmediato,  en  el  que  se
desarrollan las bases y fundamentos para la difícil tarea de
existir,  y  también  es  ahí,  donde  se  pueden  encontrar  las
claves,  problemas  y  soluciones  que  más  directamente
influyen a la hora de prevenir.

Estadística
Un poco de estadística nos facilitará una mirada más
amplia del contexto mundial de esta epidemia. El fenómeno
es de características mundiales y se refleja en indicadores
que muestran su gravedad desde hace mucho tiempo.  En
EEUU,  por  ejemplo,  en  1996  dos  millones  de  personas
usaban cocaína al menos una vez por mes. Entre los alumnos
del último año de secundario, el porcentaje de ellos que usó
alguna vez drogas en su vida ascendió del 40,7 % en 1994 a
54,3  %  en  1997.  Entre  1992  y  1997  el  consumo  de
marihuana en la misma población creció de 21,4 % a 42,3 %.
Ese país además tiene hoy entre 250 y 300 mil adictos a la
heroína. (Fuente NIDA, National Institute on Drug Abuse,EEUU)
Europa no está ajena a esta tendencia. Hay en su
territorio entre 750 mil y un millón de heroinómanos. Las
muertes por drogas en la Unión Europea, aun con la vigencia
de los programas de recambio de jeringas que previenen las
infecciones, continúan aumentando geométricamente.  (Fuente
Observatorio Europeo de Drogas y las Toxicomanías)
En la Argentina, ya en el año 2000 según datos obtenidos en el Estudio Nacional
sobre Uso de Drogas, tres de cada cien personas mayores de 16 años,
consumían sustancia ilegales. De ellas 200 mil personas lo
hacían por lo menos 5 veces por mes. En estadísticas del año
2004 apareció una cifra del 8,6 % de consumidores de drogas
ilegales en la Argentina, en el segmento de personas entre los
16 y 26 años de edad. En el año 2006 en la Provincia de Bs.
As. ya existían  33.864 consumidores de drogas sintéticas en
personas de entre 16 y 26 años de edad.
Jamás  en  la  historia  se  conoció  un  despliegue  del
fenómeno  de  las  drogas  como  en  estas  últimas  décadas,
nunca las sociedades habían necesitado crear instituciones
específicas o métodos especializados como hasta ahora, por
eso hoy es preciso mudar estrategias de prevención, sacudir
estereotipos, explorar en terreno virgen, o bien atreverse a un
cambio de paradigma, de nuevas conceptualizaciones, que permitan
encontrar nuevos instrumentos, para enfrentar estos cambios.
Frente a este panorama que apenas es un reflejo lejano
de la realidad o quizá la punta de iceberg de una gran masa
de seres humanos, que no se ven, por estar debajo de la línea
del agua sufriendo esta triste realidad, debemos redefinir el
rol que nos toca como parte de esta sociedad.

Breves referencias históricas sobre el consumo de drogas
El uso de sustancias tóxicas no es un invento del siglo
XX, existe desde hace mucho tiempo atrás y hay referencias
bibliográficas que así lo confirman, como por ejemplo:
Homero,  ya  en  la  Odisea,  dice  que  Elena  usaba
nefenta, la nefenta es una variación del opio.
Egipto y Asia Menorconoció el opio como sedante.
En la  Edad Media el opio y el hachís, eran de uso
cotidiano
En el siglo XVIIIse utilizaba el famoso láudano, que
era opio diluido en alcohol.
Los  indios  de  México y  del  sudoeste  de  Estados
Unidos consumían  brebajes  de  cactus  y  hongos
alucinógenos.
Los indios del Perúen la época de los conquistadores
españoles ya usaban la coca.
En los años veinte, en Buenos Aires, en los sectores
más pudientes económicamente hablando, los habitué de los
cabarets consumían cocaína y también morfina.
Por lo cual la historia de las sustancias no es nueva,
aunque la relación con ella si ha cambiado permanentemente
en los diferentes momentos y lugares de cada sociedad.

Las adicciones y los jóvenes
Desde  hace  años  circulan  discursos  que  categorizan  las
adicciones  como  un  problema  de  los  jóvenes.  Si  bien  la
problemática se extiende a una franja etaria que abarca desde
los  púberes  hasta  los  adultos  mayores,  variando  en  la
frecuencia,  cantidad  y  tipo  de  sustancia,  el  inicio  del
consumo se produce mayormente en la adolescencia.
El hecho de que la adolescencia sea la etapa de la vida
de mayor riesgo para el inicio del uso y abuso de drogas
puede explicarse por las características propias de ella, como
parte  de  un  proceso  de  profundas  transformaciones
biológicas, psicológicas y sociales.
La  adolescencia  es  una  etapa  donde  se  conjugan
momentos de búsqueda de identidad, de cambios corporales,
de iniciación sexual, duelos,  diferenciación respecto de los
padres  y  búsqueda  de  otros  modelos  ,  fluctuaciones
emocionales  (rabia,  pena,  miedo,  alegría),  de  nuevas
responsabilidades,  de  replanteo  y  cuestionamiento  de
valores, etc. Todos estos procesos pueden producir angustia,
malestar, conflictos, que por momentos resulten intolerables.
Recíprocamente,  esta  etapa  también  es  difícil  para  los
padres  que, ante el proceso de crecimiento del hijo, deben
atravesar diferentes transformaciones y enfrentar múltiples
reubicaciones. Algunas de ellas consisten en encarar diversos
duelos -desprenderse del hijo niño, dejar de funcionar como
ídolo y aceptar una relación llena de críticas y ambivalencia,
admitir  su  propio  envejecimiento,  entre  otros-  y  re-vivir
aspectos de su propia adolescencia y de la relación con sus
propios  padres. Al  mismo  tiempo,  deben  hacer  equilibrio
entre no ser, ni demasiado sobre protectores o invasivos, ni
demasiado permisivos o ausentes.
Ahora bien, si la estructura psíquica y el sostén afectivo
familiar  del  joven  no  logran  soportar  ni  contener  tales
estados, puede aparece el consumo de alcohol y/o drogas que la
sociedad y los grupos de pares ofertan, como paliativo del
malestar y de algunos momentos de alivio.
Como decíamos anteriormente, el eje del problema no
son las sustancias, sino, qué le pasa a ese joven que no puede
encontrar otras formas de elaborar y resolver los conflictos y
procesos que está atravesando. Hay que dilucidar para qué le
sirve la droga y por qué no puede encontrar otra manera de
encarar los obstáculos que se le presentan.
Si bien no todo adolescente que consume o prueba
drogas  o  alcohol  se  convierte  en  adicto,  muchos  pueden
llegar  a  serlo.  Asimismo,  no  siempre  es  necesario  un
tratamiento  prolongado,  algunas  entrevistas  con  un
profesional pueden esclarecer la situación. En muchos casos
un acercamiento franco de los padres puede alcanzar para
ayudarlos a encontrar un camino que les dé más elementos
para resolver la crisis.

Uso problemático de sustancias y adicción
El  concepto  de  “uso  problemático  de  sustancias”
inmediatamente da lugar a pensar en un uso de sustancias
NO problemático. Y esto sencillamente es así, a la hora de
pensar  en  la  infinidad  de  sustancias  que  cotidianamente
consumimos y que lejos de ser un problema, suministran un
beneficio. Y esto no solo depende de la sustancia en cuestión,
sino del modo, la dosificación, periodicidad y contexto en que  la
consumimos.
Si consideramos  que la  palabra  a-dicción significa
no-dicción, esto es, no decir, no hablar, estonos lleva a un
punto central, y es que en general una persona puede llegar a
padecer  una  adicción,  por  la  imposibilidad  de  hablar  de
ciertas  cuestiones  y  no  poder  resolverlas  a  través del vehículo
privilegiado de la palabra, y de  esta  manera,  convirtiéndose
 en  "esclavo  del silencio",con todas sus consecuencias.
El  uso  problemático  de  sustancias,  puede  estar  al
servicio de  intentar anestesiar un dolor, aliviar la angustia,
insensibilizarse ante sentimientos displacenteros, tapar un
vacío,  calmar  la  ansiedad,  provocar  un  estado  de
euforia, escapar de la monotonía y el aburrimiento, producir
un estado de ensoñación, y tantas otras motivaciones.
Por eso, si  el  consumo  de  drogas  intenta  resolver  el
“malestar”, para  resolver  la  drogadicción, debemos indagar
sobre el malestar, no sobre el consumo, o bien hacer encarar
el “problema”  o motivo que llevó a la persona a consumir.
Situación que es difícil reconocer, ya  que  muchas  veces,
se  trata  de  paliar  algún  conflicto interno, que aquélla desconoce.
Las adicciones en general y la drogadependencia en
particular, es considerada por algunos autores y en especial
por  la  Organización  Mundial  de  la  Salud  (OMS)  una
enfermedad crónica, progresiva y terminal; para otros, es un
síntoma  que  refiere una disfunción del  sujeto, algunos  la
describen como  una conducta autodestructiva, y otros de
supervivencia, algunos refieren una patología psiquiátrica y
también una sociopatía de responsabilidad colectiva. En fin,
mientras  estas  definiciones  muestran  conceptualizaciones
causales y abordajes aparentemente disímiles entre si, en las
calles, continúa este fenómeno creciendo geométricamente.
Pero  podríamos   intentar  una  definición  que  englobe  y
represente no solo a ellas, sino a la realidad en su conjunto,
deciendo: Que el uso problemático de sustancias (y no la
adicción)  es una  conducta sintomática con posibilidad de
enfermar, ofrecida y facilitada como alternativa, por la
sociedad actual, para evitar o sobrellevar el malestar.


Conceptualización de la patogénesis de las adicciones:
Partiendo de la premisa que la drogadependencia está
relacionada  directamente  con  fallas  en  la  socialización
primaria  del  individuo  y  que  es  la  expresión  que  denota
dificultades en el ejercicio de las funciones parentales, como
son: ser objetos de satisfacción, de sostén afectivo, ideales
normativos y agentes socializadores, entre otras, podemos
considerar, que el mal desempeño del rol y  funciones que
deben ocupar los padres como representantes y trasmisores
de una sociedad determinada en un sujeto, son por lo menos
una,  de  las  claves  que  explica  la  patogénesis  de  las
adicciones.
Así la falta o incumplimiento del rol paterno como
representante de la ley, el limite y la autoridad, como su
borramiento por una madre sobreprotectora y desautorizante
del padre ante el hijo, condicionan o preparan el terreno para
que  el  pequeño  sea  privado  de  obtener  la  capacidad  de
aceptar el límite, la falta,la postergación y la  elaboración de pérdidas, o
dicho de otra manera,  tolerar la frustración devenida de
estas.  Luego  a  este  niño  le  costará  aceptar  las  leyes  del
principio de realidad y seguirá esperando que todo lo que
anhele  sea  facilitado  por  esa  madre  omnipotente  que  en
definitiva, de lo único que lo ha privado, es de representar la
falta como factor de crecimiento y motorización del deseo. Pero el niño
crecerá y deberá asumir su propia vida, tendrá que enfrentar
responsabilidades  y  dificultades  que  la  misma  acarrea  y
deberá necesariamente apartarse y desvincularse de su madre
benefactora. El punto es que existe un goce que no querrá
darse por perdido, y es aquí donde aparecen necesariamente
los sustitutos que intentarán compensar la “gran falta” (la
madre,  el  padre  y  también  el  niño  que  era). Aparecerán
sentimientos  de  soledad,  que  no  es  comprendido,
desamparado, confundido, huérfano, sin afectos, e incapaz de
comprender lo que está sucediendo y mucho menos, de cómo
salir  de  ese  estado  psico-afectivo perturbador. Es  así,  (al  decir  de
Winnicott) que cuando una madre ha sostenido una relación
posesiva, sobreprotectora y ahogante con su hijo, en la que
tanto ella como él se perciben como una sola unidad, cuando
ésta se aleja, el niño “se siente caer, siente que pierde su yo,
su  ideal,  su  autoestima”  y  es  allí  que  sentirá  pánico,
derrumbe, vacío, y a la madre le ocurrirá otro tanto.
Algunos encontrarán una salida por la vía del amor o
de la sublimación, otros por la sexualidad, el estudio o el
trabajo. Pero sin duda están los que van por la vía de la
violencia, la trasgresión, el desafío, las drogas o el alcohol,
buscando  mágicamente  sin  pérdida  de  tiempo,  ni  mucho
esfuerzo, sustituir la “gran falta” o mejor dicho, el mal estar
que esta produce, y así intentar colmar el vacío, disipar la
tensión, anestesiar el dolor y la angustia y de alguna manera,
recobrar,  al  menos  por  un  rato,  la  añorada  sensación  de
completud,  omnipotencia,  perfección  y  protección,  que  la
madre brindaba, a la manera de fetiche. En síntesis, como
bien  dice  Hugo  Mayer,  “la  drogadependencia  es  todo  un
desplazamiento  de  la  dependencia  a  personas,  a  la
dependencia a sustancias”.
Es así, que el límite que debieron ejercer los padres,
como  instrumento  que  posibilita  que  el  sujeto  aprenda  a
esperar,  a  postergar,  a  esforzarse,  a  insistir,  a  desistir  de
aquello deseado, no operó, para permitir que éste logre poco
a  poco   escapar  del  imperativo  de  la  demanda  y  su
consecuente actuar compulsivo. Pero muchas veces son los
padres, los que no soportan el sufrimiento del niño que se ve
limitado, y entonces allanan todo tipo de dificultades, para
mitigar su propio malestar, sin registrar el perjuicio que le
están  ocasionando,  y  todo  esto  sin  mencionar,  cuando  el
padre es incapaz de “acotar” a una madre que captura a su
hijo y donde éste, que registra a su madre como parte de si
mismo,  se  ve  impedido  de  esta  manera,  de  producir  la
diferenciación, individualidad y propia existencia. Con un
entorno así, que todo lo cubre y lo pone a su disposición, el
niño crece acompañado de un gran sentimiento de invalidez
y  baja  autoestima,  crece  aburrido,  caprichoso  y
malhumorado,  con  anhelo  de  tener  deseos,  que  no  logra
obtener. Como dice Eduardo Kalina “luego curar a un adicto
es enseñarle a él, como a su familia, que existe el NO”
En algún momento, a quienes por todos los medios se
le evitó sufrir la falta o el NO a tiempo y justificado, cuando
ésta aparezca  en  la  realidad,  se tornará  en un motivo  de
tensión, excitación, angustia y señal de peligro, de la que el
sujeto tratará de defenderse para preservar su integridad
bio-psico-social; y si el contexto y la disponibilidad de sustancias
lo permiten, acudirá a ellas como medio para el alivio.
También debemos tener en cuenta que esta excitación generada
a partir de la falta, que recibe el psiquismo, tanto desde el afuera como
desde el adentro, funciona como una sobredosis excitatoria
difícil de ser elaborada o transformada de cantidad a calidad,
y esto deviene en angustia, insomnio, vacío, pánico, fobia,
etc.  El  sujeto  tratará  de  sustraerse   de  esta  sensación
desagradable por medio de un camino fácil y rápido que en
el  mejor  de  los  casos  será  distrayéndose  con  imágenes
televisivas, escuchar música a todo volumen, estar con otras
personas,  hasta  el  extremo  de  llegar  al  consumo  de
sustancias, para atenuar el malestar.
Es importante agregar, que estas fallas de las funciones
parentales,  no  se  encuentran  de  manera  alguna,
descontextualizadas de una sociedad que no solo no percibe
esto  como  dificultad  y  no  tiene  tiempo  para  el  análisis
profundo de estas cuestiones, sino que además las incentiva
continuamente  de  diversas  maneras,  que  veremos  más
adelante, siendo otra de las razones que habilita a que crezca
esta problemática que nos convoca.

Prevención del fenómeno de las adicciones
Para explicar el fenómeno de la  drogadicción debe
partirse  de  un  enfoque  multidimencional,  según  el  cual,
podremos ver, que el proceso que lleva a un individuo al
consumo  de  sustancia  tóxicas,  está  mediado  por  una
multiplicidad  de  variables,  relacionadas  con  las
características del sujeto, la disponibilidad de sustancias,
y  el  medio  contextual  conformado  por  la  familia,  la
comunidad y la  sociedad en general. Desde este marco
referencial, se entiende la prevención, como toda actuación
que busca el desarrollo de los factores de protecciónde las
personas y la disminución o eliminación de aquellos factores
de riesgo que hacen más probable el inicio al consumo de
drogas.
La prevención del consumo de drogas, debe abordarse
desde la familia, la escuela, el trabajo, y en cada espacio que
la  comunidad  ofrece,  donde  la  transmisión  de  valores,  la
formación y educación son fundamentales.
Por  lo  tanto  es  imprescindible  pensar  en  la
implementación de  acciones preventivas en relación a las
adicciones, que apunten a crear los  anticuerpos necesarios
para enfrentar una situación tan delicada y creciente como la
drogadependencia y todas sus patologías asociadas como:
Violencia,  S.I.D.A,  Embarazo  Precoz,  Bulimia,  Anorexia,
Alcoholismo, Accidentes, Delincuencia, etc.
Las  acciones  preventivas  deben  ser  dirigidas  a  los
Padres, Niños y Jóvenes de la comunidad, y el enfoque debe
estar  centrado  en  las  causas  y  factores  que  inciden
potencialmente  en  el  consumo  de  sustancias  tóxicas
(prevención  primaria),  y  no  tanto  en  los  efectos  y
consecuencias  de  las  mismas,  que  a  veces,  llega  a  ser
contraproducente o en el mejor de los casos inútil.
Los  ejes  temáticos  de  prevención  primaria  e
inespecífica  que deberían tratarse con jóvenes y adultos,
entre otros, son : Autoestima – Tolerancia a la Frustración –
Comunicación - Libertad – Limites – Valores – Afectos -Toma  de  Decisiones-
Presión  de  Grupo  –  Familia  y Adolescencia – Contexto Social –
Medios de Comunicación – Salud - etc.
También con los niños se pueden realizar talleres de
promoción  de  la  salud  (prevención  inespecífica)  sin
necesidad de hablar de drogas o bien, a lo sumo, según la
edad, referirse a la adicción al tabaco o alcohol.

Objetivos de la Prevención
Se  enfatiza  la  prevención  como  una  herramienta
fundamental mediante la cual intentamos evitar el uso de
sustancias o en su defecto retrasar el uso y abuso de las
mismas y sus consecuencias.
Sus objetivos más importantes son:
EDUCAR a  los  individuos  para  que  sean  capaces  de
sobrellevar la vida, sin necesidad de relacionarse con drogas
o sustitutos perjudiciales, para si y para terceros.
RETRASARla edad de inicio del consumo, si no se pudo
evitar su contacto.
MODIFICAR aquellas  condiciones  del  entorno  sociocultural
que favorecen el aprendizaje del consumo y abuso de drogas.
INTERVENIR en las causas del malestar individual, bien
modificando aquello que lo produce, bien ayudando al sujeto
a superarlo.
OFERTAR ALTERNATIVAS de vida saludable.
PARTICIPARen red con otros actores de la comunidad.
DETECTAR precozmente trastornos de conducta que nos
anuncian alguna dificultad o discapacidad.
Para llevar a cabo con éxito cualquier programa de
prevención  conviene  tener  en  cuenta,  entre  otras,  las
siguientes consideraciones:
 El uso de  drogas  varía  entre individuos, generaciones,
subculturas  y  sociedades.  Existen  diferencias  en  las
propias  sustancias,  en  las  formas  de  consumo,  en  las
motivaciones  y  expectativas.  No  se  da  una  relación
simple y lineal causa-efecto; ésta viene determinada por
el propio individuo (su esquema de valores, creencias,
grado  de  madurez,  etc.),  su  familia,  grupo  de  iguales,
escuela, cultura, religión, medios de comunicación, etc.
 Todo comportamiento se produce en un contexto sociocultural
 concreto  dentro  del  cual  cobra  sentido.  Así,
conocer  el  significado  que  una  determinada  sociedad
otorga a la utilización de drogas, será más importante a la
hora de valorar el problema, que el propio consumo de las
mismas.
Factores de Riesgo
Se  denominan  factores  de  riesgo,  a  aquellas
circunstancias o características personales y ambientales que,
relacionadas con la droga, aumentan la probabilidad de que
una persona la consuma.
Los diversos factores de riesgo no pueden considerarse
de forma aislada, puesto que el consumo de drogas, como
cualquier  otro  comportamiento  humano,  implica  una
interacción dinámica, en este caso, entre el individuo, su
contexto y la sustancia. Es decir, el uso de drogas, no vendrá
determinado por la presencia de un factor de riesgo, sino que
será como resultado de una pluricausalidad.
Puesto  que  son  factores  dependientes  de  procesos
dinámicos  y  cambiantes,  no  se  puede  pretender que  sean
válidos para cualquier época o contexto.
El peso que diferentes variables ejercen como factores
de riesgo, varía para cada sujeto,en función del momento
evolutivo en que se encuentre, y del ambiente que le rodee.
Los factores de riesgo pueden propiciar el encuentro
con  las  drogas,  pero  no  es  posible  establecer
 una  causa-efecto entre ambas variables.
Ninguno  de  los  factores  tiene  un  carácter
preponderante  sobre  los  demás,  ni  tampoco  son  causa
necesaria  o  suficiente,  para  que  se  desencadene  una
drogadependencia;  sólo  se  puede  hablar  en  términos  de
probabilidad, pero nunca de causalidad o determinación.
Cuando  hablamos  de  drogadicción,  no  podemos
establecer  relaciones  lineales  de  causa  -  efecto,  sino  de
factores predisponentes, condicionantes  o de riesgo, sin
olvidar a los factores de protección, que funcionarán como
atenuante  de  los  anteriores  en  un  mismo  momento  o
encuadre.

Factores Personales –
* Escasa  tolerancia  a  la  frustración.  Adoptar  una
actitud intransigente ante la frustración conduce a menudo a
la  búsqueda  de  gratificaciones  inmediatas,  sin  valorar  las
posibles consecuencias negativas a medio y largo plazo de
las mismas. Uno de los motivos de la misma, es la ausencia
de  límites  en  el  tiempo  de  la  socialización  primaria  “la
frustración óptima” producida por el “NO” justificado y en el
momento apropiado por parte de los padres o tutores. Un
“No” límite, organizador, que referencia y posiciona, que
frustra  la  acción  y  el  pasaje  al  acto,  acrecentando  el
deseo,  con  su  correlato  en  la  contención,  explicación  y
consuelo, por parte de los mismos que lo produjeron.  (Padre,
patrón, medida, referencia, límite)
* Baja  autoestima. Un  auto  concepto  y  valoración
pobre de sí, suele correlacionar con la falta de recursos de
autocontrol, manejo de situaciones y  la  “incapacidad” de
afrontar  dificultades.  Las  personas  afectadas  por  esta
característica pueden encontrar en la droga, un modo fácil de
evadir  su  propia  realidad  y  así  recurrir  al  consumo  de
sustancias tóxicas, atenuando con frecuencia la percepción
de  escasa  autoestima  que  tienen  muchos  adolescentes,
permitiéndoles  desinhibirse  y  accionar  con  aparente
normalidad.
La baja autoestima como producto de la devolución
que hacen los otros (padres, familiares, amigos, etc.) de su
propia imagen, marca la necesidad por parte del contexto, de
prestar  atención  y  cuidados  necesarios,  para  no  solo
incentivarla  en  una  medida  prudente,  sino  cuidar  de  no
destruirla sistemáticamente.
Es  necesario  por  tanto,  trabajar  y  alimentar
prudentemente la autoestima, dado que su ausencia o leve
intensidad de la misma, acompaña a una amplia gama de
trastornos psicológicos que dificultan el desarrollo de la vida
personal, individual y social del individuo.
* Falta  de  conformidad  con  las  normas. Estas
manifestaciones de rechazo, repudio o huida ante las reglas,
normas, valores o costumbres del grupo familiar o sociedad
en su conjunto, que se percibe injusta, y la búsqueda de
libertad frente a lo establecido, suelen ser variables típicas de
la etapa adolescente, pero cuando estas son acompañadas de
violencia y descontrol, pueden ser significativas respecto a
la conducta de uso y/o abuso de sustancias.
* Deficiente habilidad social:Las habilidades sociales,
permiten  a  los  individuos  mantener  interacciones  sociales
satisfactorias en el medio en el que se desenvuelven, por lo
cual  referimos  como  deficiente  habilidad  social,  a  la
incapacidad de  una  persona  para  expresar  sus  deseos  o
pensamientos,  dar  respuesta  acertadas  (asertividad)  en
situaciones determinadas, de forma sincera y considerada.
* Alta  necesidad  de  aprobación  social  y  falta  de
autonomía  en  la  acción. Precisar  en  gran  medida  del
beneplácito  de  las  personas  próximas,  puede  llevar  al
individuo a acomodar su conducta a lo que cree que el grupo
espera de él. De hecho, una de las motivaciones que con más
frecuencia verbalizan, quienes se han iniciado en el consumo
de  drogas  es,  precisamente,  la  necesidad  de  aceptación  e
inclusión, en el grupo de pertenencia.
* Endeble ante la adversidad. Las situaciones críticas
vitales como rupturas familiares, pérdida de seres queridos,
dificultades laborales,  en  definitiva,  circunstancias  en  sí
mismas dolorosas o difíciles de sobrellevar, pueden hacer a
las  personas  más  vulnerables,  en  relación  al  inicio  y
consumo habitual de drogas.
* Sistema de valores personales. En los procesos de
socialización  y   construcción  de  la  identidad,  la
interiorización de valores, tiene un papel fundamental. Sin
embargo, existen individuos que no asimilan determinados
valores  mayoritariamente  aceptados  (disociales).  Esto
influye, en el sentido y valor que esas personas dan a la vida,
en la posición que adoptan ante ésta, y en sus expectativas de
futuro.  Todo  valor  termina  concretándose  en   actitudes
básicas,  que  a  su  vez,  se  manifiestan  en  determinadas
conductas. Si la falta de internalización de valores positivos,
conlleva  actitudes  de  carácter  negativo  (escepticismo,
hedonismo,  egocentrismo,  falta  de  responsabilidad,...)  es
probable que nos encontremos con las llamadas situaciones
de ”desviación social” cuyos protagonistas son precisamente
los sujetos de difícil integración comunitaria.

Adolescencia:
Si existe una etapa evolutiva en el desarrollo de la
persona  en  la  que  hay  que  apuntalar  y  orientar  más
intensamente, con relación al consumo de drogas, es en la
etapa  adolescente,  en  la  cual  se  producen  importantes
cambios fisiológicos, psicológicos y sociales. Son seres en
transición de la infancia a la juventud y a la vida adulta.
Estos  cambios,  imponen  desequilibrios,  dudas  y  temores
propios de alguien que está abandonando una posición social
de  “hijo”,  y  comienza  a  incorporarse   temerosamente  al
“mundo joven” .
Este nuevo “rol” tiene necesidades propias, como la
búsqueda inconsciente de  emanciparse de sus padres para
encontrar una identidad propiaque lo diferencie del resto,
aún de sus “pares”, a través de actitudes que responden a
nuevos  valores,  creencias  y  exigencias  propias.  Esta
independencia que  no puede concretarse en lo real (su casa
propia o espacio propio), ya que  se ve negada por las pocas
posibilidades  materiales  o  económicas,  comenzará
haciéndolo desde lo ideológico, buscando  diferenciarse de
los adultos (padres) como sea. De ahora en más, se opinará y
actuará sistemáticamente en oposición a ellos, se vestirá en
forma diametralmente opuesta, se hablará en otro lenguaje,
se  comerá  otro  tipo  de  comidas  (chatarra),  también  sus
valores, religión, posturas ideológicas y otras costumbres, se
verán afectadas por causa de la necesidad de encontrar una
fisonomía  propia, que  a  veces  llega  a  ser  de  manera
agresiva.
El adulto es visto como representante de la norma y la
autoridad ante  quien  hay  que  revelarse,  sintiendo  la
necesidad interior  de forzar al máximo los  límites que la
sociedad,  a  través  de  los  adultos,  le  impone  con  sus
prohibiciones.  La  droga,  también  funciona,  en  muchos
adolescentes, como elemento diferenciador y desafiante ante
el mundo adulto y ante sus pares.
El  joven  saldrá  de  “fiesta” bien  tarde,  cuando  la
ciudad esté vacía de adultos, aprovechando que los “dueños”
duermen  y  no  controlan,  no  vigilan  sus  acciones,  ni  dan
ordenes. El espacio de la ciudad es solo para ellos, al igual
que  su  intocable  habitación.  La  “fiesta” es  individual,  y
consiste, no, en estar con otros jóvenes, sino en sentirse libre
de  la  mirada  del  adulto,  libre  de  responsabilidades  y
obligaciones, de elegir lugar, compañía y la hora de regreso,
que  será  siempre  antes  de  que  se  despierten  los  adultos
controladores.
Todo  lo  anteriormente  dicho  se  relaciona  con  la
autonomía  personal,  que  no  da  cuenta,  al  principio,  de
como conseguirla, pero sí se tiene en claro, como no hay que
ser, ya que el adolescente, en sus inicios, construye sobre la
base de la oposición.
El  joven,  que  está  abandonando  a  los  agentes  de
socialización  primaria  (sus  padres),  con  todo  lo  que  eso
significa  (temores,  inseguridades,  dudas,  etc)  siente  la
necesidad de  no  estar solo, por lo cual  tendrá un  nuevo
grupo  de  pertenencia, compuesto  por  amigos  con  quien
identificarse y autoafirmarse  en sus creencias, valores y
costumbres  como  también  poner  a  prueba  sus  ideas,
capacidades  y  sentimientos, pudiéndose ver  en el espejo
de los otros en que medida es aceptado,  valorado,  o  bien,
rechazado. El  grupo  funcionará  como punto  de  referencia  y
regulador  de  conductas, (presión de grupo) que a su
vez se ve influenciada por la denominada “cultura joven”,
con  sus  ídolos,  mitos  y  modelos  que  los  medios  de
comunicación se ocupan de transmitir y amplificar. Estos,
producen un fuerte impacto en la formación de la identidad
de  los  jóvenes,  al  propagar  modelos  esteriotipados  o
asimilando al tabaco y al alcohol, con libertad, amigos, sabor
del  encuentro,  fiesta,  música,  diversión,  belleza,  poder,
paraísos,  sexo,  deporte,  etc.,  y  corriendo  el  riesgo  de
producir una identificación forzada,en preadolescentes que
no tengan suficientemente desarrollada su capacidad crítica.
Pero cuidado ! , no pensemos que el consumo de drogas es
cosa  de  los  adolescentes,  la  manera  de  educar  y  nuestra
preocupación como padres en los primeros años, es la mejor
base, para un desarrollo maduro de nuestros hijos, donde
nuestras actitudes son fundamentales para la formación de su
personalidad, su autoestima y manejo de conflictos.

No olvidemos que en la adolescencia se produce:
Búsqueda de la autonomía personal
Inestabilidad emocional
Necesidad de diferenciación
Necesidad de emancipación
Transgresión del mundo adulto
Cambios continuos de ideas
Autoafirmación a través del grupo
Necesidad de integración grupal.
Puesta a prueba su identidad.
Solo entre sus iguales es quien cree y desea ser.
Nuevo soporte afectivo y protector.
Punto de referencia de sus ideas y valores.
Nuevas reglas grupales.
Solo se integra al grupo si se hace lo que los demás.

Es muy común ver a los padres preocuparse cuando
sus hijos dejan de ser confidentes con ellos, ya no desean
compartir las mismas cosas como lo hacían antes, y más aun,
cuando  comienzan  algunos  cambios  como  los  que
mencionaremos en el cuadro que sigue. Pero no dejemos que
estos  síntomas  nos  confundan  o  preocupen  más  de  lo
necesario, ya que los mismos son propios y comunes en la
mayoría  de  los  adolescentes,  y  no  necesariamente  están
relacionados con la droga.

No son indicadores de riesgo:
- Respuestas inadecuadas e intempestivas.
- Habitación desordenada .
- Parece estar atento solo así mismo.
- Se acuesta tarde.
- No es colaborador.
- Deja sus cosas tiradas y sucias.
- Duerme demasiado.
- Le gusta estar tirado escuchando música durante horas.
- A veces casi no habla, ni cuenta sus cosas como antes.
- No respeta los horarios.
- Discute por tonterías.
- Está malhumorado.
- Busca cambios de estado de ánimo.
- Sentimientos de soledad y angustia.
- Cambios en su vestimenta.

Sin embargo, existen otras actitudes también propias
de la adolescencia que debemos observar con detenimiento,
ya  que  si  se  presentan  en  forma  conjunta,  reiterada  o
permanente, por lo menos tres o más de ellas, pueden
considerarse un factor de riesgo o síntomas de alerta
en relación al consumo de drogas:
- Exagerada violencia en su rebeldía.
- Exagerado despego familiar.
- Dificultades en la comunicación.
- Falta de amigos.
- Conductas severas en la escuela.
- Problemas en el aprendizaje.
- Acercamiento a compañías inadecuadas
- Exagerada tendencia al consumo y al gasto.
- Tendencia a la mentira.
- Uso indebido de bienes y dinero.
- Exagerada inseguridad o autoexigencia.
- Angustia y llanto frecuente.
- Ideas de muerte.
- Temores infundados.
- Exagerada omnipotencia.
- Actividades inadecuadas para su edad.
- Exagerado apego a uno de sus padres.
- Desgano,abulia o marcada apatía.
- Intensa reacción de ira y descontrol.
- Ausencias frecuentes y prolongadas del hogar.
- Síntomas físicos sin causa de enfermedad aparente.

Estas señales deben ser evaluadas por su intensidad ,
frecuencia y su contexto. No debemos alarmarnos en forma
exagerada, de tal manera, que no podamos ser una ayuda,
para alguien que espera  que  lo  apuntalemos  y  guiemos,
 frente  al  malestar interior, evidenciado en esta producción
de actitudes.

En  síntesis,  podemos  observar  que  si  los  padres  y
adultos  en  general,  prestamos  atención,  existen  bastantes
parámetros a tener en cuenta para prevenir o detectar precozmente
algún  tipo  de  trastorno  de  conducta,  que habilite llegar  al
consumo de sustancias tóxicas a un individuo que a través
de los mismos, está pidiendo ayuda y suplicando en silencio
que le presten atención.(Lo que no se dice, se actúa)
En una forma muy conceptual y resumida, el cuadro
siguiente nos deja visualizar algunas razones por las cuales
muchas personas experimentan con drogas:

Muchos experimentan con drogas :
Por una patología psíquica de base.
Por la presión de grupo
Por el ejemplo de los adultos
Para sentirse grandes
Para rebelarse contra la autoridad del adulto
Por curiosidad
Para divertirse
Por problemas de crisis afectiva y evolutiva

Hasta  aquí,  hemos  podido  observar  en  forma  muy
general y sin entrar en detalle, las diferentes variables que se
juegan entre los FACTORES PERSONALES relacionados
con el uso problemático de sustancias.

En  adelante  veremos  algunos
FACTORES FAMILIARES,  que  interactúan  con  los  anteriores
y  que deben observarse con detenimiento y autocrítica, para una
mejor detección y prevención de la problemática adictiva.
Estudios  de  los   Dres.  Stanton  (Universidad  de
Rochester, USA) nos muestran que la droga se
implanta en las familias desorganizadas y en situación de
desventaja cultural, con mayor prevalencia (50 %).
Hoy las exigencias de la vida cotidiana en las grandes
urbes,  ha  logrado  la  hiperactividad  cotidiana,  que
paradójicamente,  en  la  era  de  las  comunicaciones,  nos
permite estar al tanto de lo que sucede en el otro extremo del
mundo, pero muchas veces no sabemos que le pasa, o siente,
aquel que vive con nosotros bajo el mismo techo.

* Factores de Riesgo Familiares
La familia es el primer agente socializador en cuyo
marco se configura la personalidad de los individuos. Por
ello,  la  interacción  entre  sus  miembros  y  el  ambiente
familiar, constituyen un importante foco de atención, en el
estudio de las adicciones, entre otros temas.
Los factores de riesgo más relevantes guardan relación
con:
 El modelo familiar.
 El estilo educativo.
 El clima afectivo.

- El modelo familiar.
La  observación  directa  y  el  modelo  en  que  se
desarrolla la familia, pueden ser  procesos  por los  que  se
adquiere una conducta.
El estilo de vida de los padres influye poderosamente
en los valores, actitudes y comportamientos de sus hijos.
Cuanto  más  discrepe  ese  estilo  parental  del  consumo  de
drogas, cabe esperar, que mayor sea el alejamiento de los
hijos respecto a las mismas y viceversa.
- Estilo educativo de la familia.
Diversos estudios avalan la relación entre los patrones
de  disciplina  y  supervisión  parental,  con  el  consumo  de
drogas.
  Se pueden distinguir al menos los siguientes estilos
educativos de riesgo:
 Ausencia de límites o de normas claras y consistentes,
provocada tanto por padres excesivamente permisivos,
como por aquellos que no distinguen entre el ejercicio de
su autoridad y el abuso de poder.
 Sobreprotección  o  ausencia  de  la  misma .  Se  ha
afirmado  que  tanto  el  exceso  de  protección,  como  la
conducta indiferente por parte de los padres, a menudo se
corresponde con el inicio en el consumo de drogas.
En relación con lo anterior, la rigidez de las estructuras
familiares tampoco  facilita  el  proceso  de  independencia,
autonomía  y  maduración  de  sus  miembros;  éstos  pueden
aprender a comunicarse de manera sumisa, acatando todo
cuanto se les dice o bien creando claros enfrentamientos con
sus progenitores.
 Falta  de  reconocimiento: el  grado  de  autoestima  del
niño  o  adolescente,  depende  en  gran  parte,  de  las
actitudes que adopte la familia frente a él. La ausencia de
aprobación ante sus logros, conlleva un sentimiento de
inseguridad que se verá traducido en un auto concepto
negativo.
 El clima afectivo en el hogar.
Los  lazos  afectivos  y  la  comunicación  entre  los
miembros de una familia, son esenciales para la estabilidad
emocional de sus componentes.
En  concreto,  se vinculan  con  el consumo de drogas las
siguientes  relaciones negativas:
 Deficiente grado de interacción  y  de apoyo  entre  los padres.
 Conflictos familiares frecuentes  y defectuosa comunicación
entre sus miembros.
 Imagen  de  falta  de  cohesión,  de  seguridad  y  de
protección.
 Falta de sentido de pertenencia y de disfrute en el núcleo
familiar.

La Familia “Tipo” no es garantía de nada:  
La familia “tipo” o “normal”, que cada uno puede
imaginarla como quiera o pueda, también es factible de tener
en  su  seno  un  integrante  con  dificultades  ante  sustancias
tóxicas. Esta familia tipo, se manejó con valores, conductas,
roles, afectos, y demás, sumamente sanos y recomendables. En
ella  no  se  percibe  ningún  trastorno  ni  vulnerabilidad,  ni
riesgo  alguno  entre  sus  componentes.  Sin  embargo,  algo
pasó, o algo no pasó, y entonces aparece el concepto de
“fallas de omisión”, donde no se registró que había alguien
diferente, con necesidades y valores diferentes. Quizá esta
familia omitió reconocer los síntomas de riesgo mencionados
anteriormente  o  bien  no  supieron  interpretar  algunos
reclamos de alguno de sus miembros, realizados (con letra
chica), por medio de trastornos de conducta, dificultades en
el  aprendizaje,  conductas  antisociales,  silencios,  tics,
violencia,  cambios  de  ánimo,  etc.  y  recién,  solo  recién,
cuando aparece la droga, (un reclamo con letra grande), es
percibido que algo no está bien, y se toman cartas en el
asunto.
Hoy  el  70%  de  los  menores  institucionalizados  en
sistemas penales no han vivido con su padre biológico y no
han encontrado una figura paterna sustituta.
Tengamos en cuenta:
Familia de riesgo
Falta de comunicación
Falta de límites a tiempo
Destrucción de la autoestima
Doble mensajes
Adicciones en la familia
CONTINUA EN PREVENCION DE ADICCIONES (2da. PARTE)
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